CUENTOS EXPERTOS EN TIEMPO: TETSU IKUZAWA

Hablamos de Porsche, Heuer y otros "juguetes" con la leyenda del automovilismo japonés.

5 min

En estas entrevistas, conoceremos a personas para quienes el tiempo es la esencia. Nuestros invitados son ejemplos de cuán decisiva puede ser una milésima de segundo. Es de esperar que tengan cosas fascinantes que decir sobre esto... Desde empresarios hasta algunos de los atletas más aclamados, pasando por prodigios del tiempo de todo tipo —muchos de los cuales podrían ser filósofos a media jornada—, descubra cómo los mejores mantienen, doblegan o viajan por del tiempo como lo conocemos.

Tetsu Ikuzawa es un antiguo piloto, director de escudería e icono de estilo internacional en el mundo del automovilismo. Ganó el Gran Premio de Japón en 1964 y 1967, y fue el primer piloto japonés en competir en los principales campeonatos europeos, incluido Le Mans. Su pasión por el coleccionismo es tan legendaria como su carrera, y no solo por el entusiasmo por los automóviles (aunque posee más de 70 Porsches). Su «atelier» de Japón contiene docenas de motocicletas, relojes, teléfonos, cámaras, Nikes, revistas y otros artículos cuidadosamente seleccionados en perfecto estado.

Este apasionado e imparable piloto, uno de los más prolíficos y exitosos de la historia de Japón, desempeñó un papel fundamental para el desarrollo de la reputación de Porsche en las carreras de su país, y es un auténtico fan de Heuer desde hace más de sesenta años. Acompáñenos en esta emocionante conversación con una leyenda viva del automovilismo.

Tetsu Ikuzawa en Silverstone en 1967

1958

Antes de empezar, Tetsu, ¿hoy no lleva reloj? ¿Dónde está su Monaco?

(Ríe) Está en una exposición. Estoy en casa, en Tokio.

¿Dónde guarda su legendaria colección?

A 50 minutos en coche de aquí. ¡Deberíais venir!

¡Nos encantaría! Quizás el año que viene. Para empezar, cuéntenos un poco sobre su educación y cómo llegó al automovilismo.

Mi primera experiencia en el mundo del motor fue a los 15 años, con una moto. Recuerdo que fui tan lento que me quedé atrás, y los organizadores de la carrera empezaron a colocar a los siguientes pilotos en la parrilla antes de que yo terminara. Ni siquiera me permitieron cruzar la línea de meta. Pero recuerdo que sonreía pensando en que aquella era la experiencia más agradable y emocionante que había vivido. Me enganchó.

Ver todas las motos de la colección en su blog es increíble. ¿Cuál fue la primera?

Cuando era adolescente, había cientos de fabricantes de motos en Japón, entre ellos Honda y Suzuki, pero la pequeña empresa que fabricó mi primera moto quebró hace mucho tiempo. Solo era de 50 c. c. En realidad era un ciclomotor, pero aun así me entusiasmaba. Fue en 1958.

¿Cómo eran las carreras en Japón en aquella época?

No había circuitos de carreras. (Ríe)

Entonces, ¿motos de carretera en una pista de tierra? ¿En un circuito?

Así es. ¿Os lo imagináis? Visualizad el circuito de Wimbledon con motos de carreras. Era la única opción. En 1959, empecé a conducir para Honda en otra moto de 50 c. c., una Super Cub.

Extraordinario. La Super Cub es uno de los vehículos más producidos en el mundo en la actualidad, pero usted vivió sus comienzos. ¿Construyó su relación con Honda a partir de ahí?

Bueno, uno de los pilotos de pruebas de Honda me presentó a Hirotoshi Honda (hijo del fundador Soichiro Honda) cuando tenía 14 años. Crecimos juntos, montamos juntos en bicicleta y luego fuimos a la misma universidad. La compañía Honda y yo evolucionamos juntos.

¿Cuál fue su primera experiencia con coches de carreras?

Fue en 1963 en el circuito de Suzuka, para el primer Gran Premio de Japón. Representé a una compañía llamada Prince Motor Company, que luego pasó a manos de Nissan. Conduje un Skyline Sports. En el segundo Gran Premio de Japón, en 1964, conduje un Skyline GT para competir con un Porsche 904 (conducido por Sokichi Shikiba). Fue entonces cuando el Skyline GT empezó a hacer historia, cuando se elevó a la categoría de leyenda.

Increíble. ¿Y después se fue a Reino Unido?

Así es. Quería estar en el epicentro del automovilismo. Si quieres ser una estrella de la música, vas a Nueva York. Si te quieres dedicar a la informática, te vas a Silicon Valley. En aquella época, si querías dedicarte al automovilismo, te ibas a Reino Unido. En 1964, llegué a Inglaterra (y al resto de Europa) como turista. Descubrí la Fórmula 1, la Fórmula 2… Fueron las primeras carreras que pude ver con mis propios ojos. Luego, en 1966, me mudé allí. No tenía mucho dinero, y no hablaba muy bien inglés. Tenía el dinero justo para comprar un coche de carreras, pero no podía contratar a mi propio mecánico. No podía comprar repuestos. Sin dinero, sin mecánico, sin repuestos… Pero me encantaba. Estaba fascinado.

El propio trayecto de Japón a Inglaterra en 1964 no debió ser fácil…

Entonces había que tomar la ruta del Mar del Sur con la BOAC, y había muchas paradas. Hong Kong, Bangkok, Bombay, Beirut. Alrededor de 30 horas.

El Monaco de Ikuzawa junto a su primer reloj de pulsera Heuer, un Chronosplit Manhattan GMT. El Mónaco fue un regalo de su esposa, y presenta el grabado "Vive la vie de Monaco !".

¿Su familia lo apoyó, o creyó que estaba loco?

Mi padre era artista. Entendía lo que quería hacer, y no tenía nada en contra. Había ahorrado mi propio dinero, y Prince Motor Company también contribuyó. No pagaron todo, pero sí ese viaje, así que mi padre no tuvo que mantenerme económicamente.

¿Cómo empezó todo cuando se mudó a Inglaterra?

Al principio, tenía que encontrar una vivienda y solo podía gastar 8 libras a la semana. Por ese precio, solo conseguí un piso cerca de la estación de Holland Park. Era un sótano muy pequeño, sucio y húmedo. Ese invierno me resfrié tres veces.

Había una tienda llamada Les Leston. En esta tienda de Londres se podía comprar todo tipo de material de competición. Graham Hill, Jackie Stewart, Jack Brabham… todos iban allí. Todo el mundo del ámbito del motor conocía este lugar. En aquel entonces no había nada parecido en Japón. Lo conseguí todo allí, mi traje de carreras, mis guantes, mis botas y hasta mi cronómetro Heuer.

¡Lo mejor de lo mejor! ¿Cómo era ser un japonés que no hablaba mucho inglés en el mundo de las carreras en Reino Unido? ¿Todos lo acogieron bien, o fue un desafío?

Es un tema recurrente a escala mundial: el racismo. No viví ninguna experiencia de racismo al crecer. Fui a una escuela cristiana dirigida por un sacerdote estadounidense en Japón durante 12 años, y nunca lo experimenté. Cuando llegué a Inglaterra, todo el mundo fue muy amable. No tuve problemas o experiencias negativas. Cuando empecé a ganar, fue algo diferente. (Ríe) Pero los pilotos siempre se portaron muy bien conmigo. Hice muchos amigos gracias al automovilismo. Cuando me uní al equipo de Frank Williams en 1968, me llevó a buenos restaurantes y clubs nocturnos de la alta sociedad. Disfruté mucho de la vida londinense. Frank Williams me enseñó bien. Ya hace 50 años que vivo en Londres, es mi casa.

  • Regent's Park en Londres, 1969

¿Con qué pilotos tenía un vínculo estrecho? ¿Quiénes fueron sus mejores amigos durante este periodo?

James Hunt, un poco más tarde. Pero, sin duda, Tony Trimmer. Fue mi mecánico en Motor Racing Stables Brands Hatch antes de empezar a competir. Aún nos enviamos correos. A partir del 68 competí mucho más en Europa, y conocí a François Cevert, Ronnie Peterson… Intentábamos ligar con las chicas cuando viajábamos para participar en distintas carreras, así que competíamos dentro y fuera de la pista. (Ríe) Fue una época dorada.

¿Cuál fue su primer contacto con Porsche?

Quise volver a Japón para el Gran Premio de 1967, pero Nissan había adquirido Prince y no quería contratarme porque contaba con muchos pilotos. Me ofrecieron mucho dinero para que no colaborase con otra compañía. Como no tenían sitio para mí, me negué. No tenía dinero y no iba a competir. No sabía qué hacer. Un importador de Porsche de Japón (Mitsuwa Motors) tenía un Porsche 906. Había importado tres y vendido dos, y quería el otro para el Gran Premio de Japón, pero no tenía piloto. Fui a verlo, pero no podía pagarme: tenía el coche, pero no el dinero. Así que me dijo que debía conseguir un patrocinador. Acepté e inicié la búsqueda. Muchos me apoyaron: Pepsi, algunas marcas de moda… muchas empresas. El importador no tenía experiencia en carreras, mecánicos o dinero para neumáticos. Nada. Contacté con Bridgestone y aceptaron unirse. En aquel momento, tampoco tenía experiencia en carreras, ¿podéis creerlo?

¿Así que llegó a Fuji y todo fue bien?

Al principio no. El motor no funcionaba bien, porque había estado en una sala de exposición durante dos años. Nos pusimos en contacto con Porsche y les pedimos que enviaran un mecánico de carreras, y lo hicieron. Pero no teníamos tiempo para practicar o hacer pruebas. Pensamos que era imposible ganar, y que solo llegar al final sería suficiente. Pero gané. Fue un milagro. El hecho de que Nissan no me contratara fue mi punto de partida. Antes de que esto ocurriera, Porsche no era popular en el mercado japonés. Pero cuando gané a Toyota y Nissan, salió en la portada de todos los periódicos nacionales. Desde entonces, tengo una gran relación con la marca.

Gran Premio de Japón, 1967

Nuestra relación con Porsche es relativamente reciente, pero usted tiene una increíble trayectoria con ellos. Háblenos de su colaboración con TAG Heuer. Ha mencionado que compró un cronómetro Heuer en Les Leston en 1966.

Incluso antes. Conocí a alguien que había comprado un cronómetro Heuer muy muy singular durante un viaje a Londres y se lo compré, así que ya empecé a utilizar uno en el 62 o el 63.

El primer año del Carrera, por lo que se acercan los 60 años. Usted, Derek Bell y Walter Röhrl son probablemente las únicas grandes figuras que han mantenido una relación con Heuer durante tantas décadas. Díganos por qué eligió inicialmente a Heuer y cuál es su relación con nuestros relojes en la actualidad.

Para mí, no hay otra opción. La precisión es importante. Los relojes Heuer son increíbles en cuanto al diseño. Yo mismo quería ser diseñador, así que de forma natural me sentí atraído por Heuer. Me gradué en diseño industrial en la Art University de Japón, y me apasiona. Se suponía que iba a ser diseñador siguiendo los pasos de mi padre, no piloto de carreras. Pero en los diseños de Heuer encontré algo que me gustaba.

Su primer reloj de pulsera Heuer fue un Chronosplit Manhattan GMT, ¿verdad?

Así es, compré ese reloj en Bond Street. Obviamente, en aquella época no teníamos Internet, y a menudo tenía que hablar con patrocinadores de Japón o con otras empresas de automovilismo, por lo que debía estar pendiente de la hora en diferentes husos. Por eso ese reloj era tan importante para mí. Heuer y yo hemos estado juntos en muchos aspectos.

El Chronosplit Manhattan GMT de Ikuzawa

¿Por qué cree que TAG Heuer mantiene una colaboración tan estrecha con personas como usted y con los deportes de motor en general?

Puede que para algunos pilotos el cronómetro sea solo parte del equipo de carreras, pero para mí también es un símbolo de moda y diseño. En los años 60, no mucha gente se preocupaba por los cronómetros como yo. Como dije, quería ser diseñador de coches, y me gusta que un reloj se elabore del mismo modo que el vehículo. Heuer y Porsche son la combinación perfecta.

Háblenos de su legendario museo.

No es realmente un museo. Prefiero llamarlo mi «atelier». Muchos niños tienen una caja de juguetes. Mi abuela siempre me decía que todo tiene un valor. Todo tiene un significado. No debemos deshacernos de las cosas. Debemos cuidarlas. Lo conservo todo. Incluso mis cronómetros originales, y hasta los calcetines del instituto. (Ríe)

¿Cuántos coches y motos hay en su caja de juguetes?

¿Sus hijos cuentan cuántos juguetes hay en su caja?

¿Ha perdido la cuenta?

No los cuento. Los niños no tienen juguetes para mostrárselos a otras personas. Los tienen para jugar, para disfrutar. Empecé a coleccionar para mí. Algunos coleccionan sellos. Es lo mismo.

Cronómetros Heuer de la colección personal de Tetsu Ikuzawa

Su hija, Maï Ikuzawa, está muy implicada en el automovilismo últimamente. ¿Está orgulloso de lo que hace?

Es muy famosa y popular en el mundo del automóvil, la moda y el diseño en Reino Unido. Es la reina de los coches. La encontraréis en cualquier jornada de prensa de los eventos del motor. También en el Festival de Goodwood. Siempre le han gustado los coches, y quería ser piloto de carreras. Al principio, no sabía en qué estaba pensando, pero luego fue a las escuelas de carreras de Silverstone y Donington, y todos los chicos se enfadaban mucho porque ella era más rápida. Y ama a Porsche incluso más que yo.

¡El legado continúa! Es el momento de acabar, Tetsu. Muchas gracias por hablar con nosotros.

Primer piloto japonés en participar en una carrera de Le Mans en 1973