CUENTOS El sexto sentido de Ayrton Senna

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Con la sexta marcha puesta, Ayrton Senna ganó su primer Gran Premio en casa en 1991 en una hazaña casi milagrosa.

En la memoria colectiva, todos sabemos quién fue Ayrton Senna. Si tuviéramos que describir un piloto de carreras a un extraterrestre, inconscientemente pensaríamos en la figura de Senna. Obviamente, esto es una hipérbole, al igual que la precisión de su manera de conducir. Cada curva, cada vuelta, cada victoria eran una gesta desmedida. Admirar su manera de conducir era convertirse en devoto del Templo de la Velocidad. Al ver las grabaciones de su cámara a bordo en YouTube o repasar una recopilación de sus momentos más gloriosos en la pista, es inevitable preguntarse cómo lo lograba entre el asombro y la incredulidad.

« Si ya no aprovechas los huecos que se presentan es que ya no eres piloto de carreras. »

Ayrton Senna

Se podría decir que Senna es el piloto más fascinante que jamás haya existido en la Fórmula 1. Cada aficionado a las carreras se queda con una versión de Senna distinta. El Senna de Suzuka. Senna, el maestro de la lluvia. El Senna tranquilo. El Senna furioso. En un país en el que hay una veneración absoluta por el fútbol, Senna fue un héroe de la talla de Pelé. ¡Imagínense! Hay una famosa cita que compara a los otros pilotos con Senna: “Es como si vieras unas fotos y, de repente, te toparas con un cuadro de Miguel Ángel”.

Y aquí tenemos otra, del antiguo piloto de Fórmula 1 John Watson: “Fui testigo de algo que nunca había visto hacer a nadie en un coche de carreras. Era como si [Senna] tuviera cuatro manos y cuatro piernas. Frenaba, cambiaba de marcha, giraba y pisaba el acelerador, mientras una línea muy fina parecía separar el control del monoplaza del desastre. En esa ínfima línea se situó Senna aquella lluviosa tarde del 1991 en Interlagos.

Norio Koike ©ASE

La magia de su país natal

En 1991, Ayrton Senna ya era una superestrella. Esta era su octava temporada de Fórmula 1 y ya se había coronado como campeón del mundo en dos ocasiones. Sin embargo, el Gran Premio de Brasil que se celebraba en el circuito de Interlagos de São Paulo, su tierra natal, se le resistía. Estaba ansioso por romper esta racha de mala suerte. En Brasil, había terminado segundo, había sido descalificado y había sufrido un accidente mientras lideraba la carrera; le había pasado de todo menos ganar. La víspera de la carrera, su determinación era evidente. Senna empezó pisando fuerte en la sesión clasificatoria, pues consiguió la pole position por delante de los rápidos monoplazas de Riccardo Patrese y Nigel Mansell. La ventaja era para Senna.

"Olé, olé, olé... ¡Senna! ¡Senna!"

El día de la carrera, Interlagos bullía de ruido. El famoso coro para animar a Senna se oía por todo el circuito. Todo el país presentía que este sería el día en el que el hijo de su tierra sería campeón. Todo, excepto la caja de cambios de Senna, apuntaba hacia la victoria. A la salida, parecía que la carrera sería la más fácil de su trayectoria en Brasil. No había querido celebrar su pole position, ya que no quería atraer la mala suerte y perder la oportunidad de hacerse con el mejor regalo que pudiera imaginar: ganar el puesto más alto del podio en su propio país.

Un sinfín de fallos

A medida que la carrera progresaba, detrás de Senna, los pilotos luchaban por mantenerse en sus posiciones. El coche de su compañero de equipo se incendió. Nigel Mansell intentaba atrapar a Senna, pero su caja de cambios no funcionaba bien y, más tarde, sufrió un pinchazo. Senna estaba determinado a cruzar la bandera de cuadros con facilidad tras años de angustias. Pero cuando faltaban diez vueltas para terminar, llegó el desastre. La caja de cambios de Senna decidió someter al piloto a una prueba más dura que sus rivales. El piloto fue perdiendo las marchas una tras otra hasta que tuvo que mantener la sexta sin cambiar durante lo que le quedaba de carrera. Dicen que la suerte acompaña a los valientes. En este caso, no fue así.

Norio Koike ©ASE

Cambio a la marcha del superhombre

Mientras seguía con la sexta marcha, Senna condujo como si tuviera un sexto sentido. El circuito era Interlagos, pero Senna competía en otra dimensión; la de los superhombres. Imagínense perder todas las marchas menos la sexta dentro de un bólido bramando de furia. Los ojos, los brazos, la mente, los pies; todo tenía que moverse de manera sincronizada. No hay margen de error posible hasta que se cruza la línea de meta. Es un baile con una derrota casi asegurada. Pero se trataba de Senna, y ahí estaba él, moviéndose sobre la delgada línea entre el control y el desastre. El resto de humanos hubiera aparcado el coche en la cuneta para terminar con la pesadilla cuanto antes, pero él siguió, haciendo un esfuerzo sobrenatural. Aquí es donde cualquier hipérbole se queda corta.

Cuando llueve, diluvia

Por si conducir en sexta no fuera lo suficientemente difícil, el cielo arrojó sobre la pista un nuevo obstáculo: empezó a llover y la pista se convirtió en una larguísima y sinuosa piel de plátano. Patrese, que estaba en segundo lugar, recortó la distancia que le separaba de Senna. La esperanza le ganaba o abandonaba al mismo ritmo que lidiaba por mantener la sexta marcha. Las vueltas finales se desarrollaron bajo una lluvia intensa que alejaba el podio de Senna.

El mejor regalo de su vida

Entonces, después de lo que pareció ser una eternidad, Senna se impuso a la caja de cambios, se abrió paso entre el torrencial, dejó a Patrese atrás y cruzó la línea de meta. A través de la radio se pudo oír su largo grito de asombro. Los vítores de alivio de los aficionados en el circuito eran atronadores. Senna agarró la bandera brasileña que le dio un comisario de pista, pero estaba agotado. No podía conducir más y mucho menos ondear la bandera. Su sexto sentido le salió caro: sufrió rampas musculares en brazos y hombros. Al llegar al podio, Senna apenas podía sostener el trofeo con los brazos. Más tarde confesó que el amor y el entusiasmo de la multitud le dieron la fuerza para levantar el mejor regalo que había recibido jamás.

Llegar al límite

Una vez Senna dijo: “En un día determinado, en circunstancias concretas, crees que tienes un límite. Y vas a por él, lo alcanzas y piensas: ‘Vale, este es el límite’. En cuanto llegas a este límite, ocurre algo que de repente te empuja a ir un poco más lejos. Con el poder de tu mente, tu determinación, tu instinto y también tu experiencia, puedes volar muy alto”. Ese día de 1991, Senna voló muy alto. Recordamos esa fecha como el día en que Senna se quedó atrapado en la sexta marcha, aunque deberíamos recordarlo como el día en el que ganó su sexto sentido.

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Senna sigue vivo

Senna es y siempre será una leyenda. No solo dentro del automovilismo, sino también fuera de él. Una de las maneras en las que su legado sigue muy presente en la actualidad es a través del Instituto Ayrton Senna, que promueve la educación de niños y jóvenes en Brasil. El Instituto trabaja con una red de profesionales de la educación, investigadores y organizaciones de terceros para mejorar las políticas públicas de educación.

TAG Heuer rinde homenaje a la legendaria figura de Ayrton Senna a través de una edición especial del TAG Heuer Formula 1 Senna. Este asombroso reloj evoca la búsqueda de la perfección de Senna a través de su esfera antracita satinada con efecto “rayos de sol” y sus audaces colores rojo y negro. Todo un símbolo de resiliencia y calma, incluso a las velocidades más altas.

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